domingo, 17 de febrero de 2008

Columna de Opinión: "Tecnociencia: ¿Quién domina a quién?."

Por Alejandro Vega Muñoz

Una pregunta fundamental ante la actual celeridad del cambio, es ¿quién domina a quién?. La especie humana con su imaginación, sus métodos y sus técnicas, para generar innovaciones de productos y procesos; o bien, si los resultados de sus propias elucubraciones son los que condicionan su actuar futuro.

Esta pregunta que enfrenta a tecnófilos y tecnófobos, permite poner en óptica dos visiones del mundo, que más que en la forma difieren realmente en una cuestión de fondo. A modo de ejemplo, se pueden mencionar los alimentos genéticamente modificados, ante el cariz tecnófilo su desarrollo permite resolver uno de los problemas de fondo del siglo XXI, la hambruna mundial, transfiriendo cualidades deseables de un alimento a otro; para un tecnófobo en cambio es sólo una estrategia globo de reducción de costos, que adicionalmente no puede asegurar las consecuencias futuras derivadas de su consumo para la especie humana. Podemos encontrar un enorme conjunto de ejemplos que tiene carácter de debate global, como el uso que se brinda a los avances en las tecnologías de información desde sus usos en el campo militar hasta la educación en línea, pasando por la distribución de material pornográfico. O la confrontación ética entre el trabajo con células madres y el llamado principio de la precaución; sin menospreciar el debate entre el desarrollo de biocombustibles y el uso tradicional de los cultivos de oleaginosas.

Tomar parte en este “juego” de dimensiones globales, más que una cuestión de racionalidad es una cuestión de fe o no en la ciencia, es decir de confianza irrestricta en los lineamientos y objetivos de ésta, en post de lograr el desarrollo humano. Cuestión paradójicamente difícil de dilucidar en la era de mayor interacción en la especie humana, que se enfrenta a una cantidad abismante de datos, que escasamente redunda en información, llegando a verse enfrentada aun periodo de virtual oscurantismo (a la usanza medieval). Donde además, escasea una voluntad de conjunto que permita visualizar un desarrollo que beneficie al colectivo de la especie humana.

Quizás en las últimas décadas los tecnófilos, amparados por los tecnócratas hemos sido demasiado individualistas al querer perpetuar nuestros logros y rentabilizar los intereses de nuestros “mecenas”, mediante sofisticados mecanismos de protección de la propiedad intelectual, sin una perspectiva amplia en torno a que la sociedad toda, es y debe ser el principal demandante de los logros en materia de innovación tecnológica. Recibiendo los primeros llamados de atención global con los hechos acaecidos en relación a la encefalopatía espongiforme bovina o enfermedad de las vacas locas, en contraposición a la disminución de los costos de producción en la industria cárnica europea, y en forma más temible ante la posibilidad del desarrollo de una pandemia derivada a raíz de la propagación de la influenza aviar versus la rentabilidad de las patentes otorgadas a la industria farmacéutica.

La única manera de dar solución a un problema originado más que en la forma de hacer tecnociencia a la confianza en ella, es transparentar al extremo la información de los beneficios obtenidos por las empresas y los gobiernos en materia de innovación tecnológica y educar a la población para que puedan dar lectura en conocimiento a la información que se le presenta.


Referencias:
Babín, F.A., 2006. Encefalopatía espongiforme bovina: el “mal de las vacas locas”. Revista de administración sanitaria, 4(4), p. 655-673.
Banco Mundial. 200?. Programa del Banco Mundial para hacer frente a la gripe aviar [Online]. Disponible en: http://go.worldbank.org/A2F8BFE9K0, [accesado el 13 de febrero de 2008]
Bellon, A., 2002. ciudadanos excluidos por la ciencia. En Le Monde Diplomatique, ed. Ciencia Tecnología y Sociedad. Santiago de Chile: Editorial Aún creemos en los sueños, 2006, p. 25-31.
Organización Mundial de Salud, 200?. 20 preguntas sobre los alimentos genéticamente modificados [Online]. Disponible en: http://www.who.int/foodsafety/publications/biotech/en/20questions_es.pdf, [accesado el 13 de febrero de 2008].
Oyarzún, E., 2005. Células madres: nuevas fronteras para la medicina. Revista chilena de obstetricia y ginecología, 70(4), p. 211-212.
Testart, J., 2005. La ciencia como religión. En Le Monde Diplomatique, ed. Ciencia Tecnología y Sociedad. Santiago de Chile: Editorial Aún creemos en los sueños, 2006, p. 7-16.
Winner, L., 2000. Más allá de la innovación: Ética y Sociedad en una era de cambio incesante. Ciclo de Conferencias sobre Tecnología y Política de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Valencia, España 3-6 de Octubre 2000.

1 comentario:

Ariel Yevenes Subiabre dijo...

Estimado:

Interesante debate el que planteas. Desde mi perspectiva, la innovación siempre ha de venir impulsada por el mercado, surgiendo como respuesta a las agudas presiones por conseguir nuestro desenvolvimiento de manera más eficiente y eficaz.

Quizás por ello muchos programas y políticas de incentivo a la innovación tecnológica, careciendo del comoponente de acompañamiento de las innovaciones en el mercado, no alcanzan los éxitos y profundidad esperados.

En efecto, las innovaciones sólo alcanzan a la fase de invenciones, "perdiéndose" luego por una virtual carencia de apoyo efectivo y acompañamiento en su inserción efectiva en el mercado, siendo técnicamente viables e inclusive necesarias, pero olvidando que todo cambio e innovación ha de tomar su debido tiempo.

Ahora bien, sobre el carácter de cada avance, por cierto que no hemos de olvidar que la ciencia ha de hacerse con la sufiente altura ética y moral. No olvidar que la energía nuclear y la radiación salvan vidas... pero también en manos insensatas, se transforma en una cruel herramienta para matar.

Calurosos Saludos y te invito a visitar mi blog, http://arielyevenes.blogspot.com, que mantengo siempre en constante actualización en base a lo que vengo haciendo.